DESPERTA FERRO CONTEMPORÁNEA Nº 33: NORMANDÍA (I)

DESPERTA FERRO CONTEMPORÁNEA Nº 33: NORMANDÍA (I). EL ASALTO AEROTRANSPORTADO

Editorial:
DESPERTA FERRO
Año de edición:
ISBN:
978-92-0-378613-3
Páginas:
67
Encuadernación:
Grapado
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“¡Ya vienen!”. Esta frase, utilizada en más de una ocasión, transmite con bastante fidelidad el estupor y el sobrecogimiento que embargó a los soldados alemanes que, en la mañana del 6 de junio de 1944, el Día D, vigilaban las costas normandas y que, en una escena perfectamente cinematográfica, vieron como salía de la bruma, lentamente, la flota de guerra más grande jamás concentrada. Sin embargo, todo esto tiene algo de engañoso porque aquella no fue, en absoluto, la primera noticia que tuvieron los alemanes de que había llegado el día definitivo, el día del desembarco de Normandía. En realidad, tierra adentro, la artillería antiaérea había empezado a rugir poco después de pasada la media noche, tratando de contener una armada aérea tan numerosa como la flota que llegaría después, y apenas unos minutos más tarde, el cielo se había llenado de cúpulas blancas. “¡Paracaidistas!”, esta sí que debió de ser una exclamación de sorpresa. Precisamente, el primer número de la serie que Desperta Ferro Contemporánea va a dedicar al Desembarco de Normandía estará protagonizado por el asalto aerotransportado aliado, por esos paracaidistas, estadounidenses y británicos, que saltaron tras las líneas enemigas para anclar los dos extremos del frente que se iba a formar desde el mar, y hacer posible la salida de las tropas de las playas.

Desde el cielo nocturno. La planificación del asalto aerotransportado del Día D por Michael E. Haskew

Desde el mismo momento en que la British Expeditionary Force fue expulsada de la Europa continental por Dunkerque en 1940 (véase Desperta Ferro Contemporánea n.º 22: Dunkerque 1940), comenzó la planificación para volver a la Francia ocupada por los nazis mediante una gigantesca operación de desembarco que liberara los países sujetos al yugo de la tiranía hitleriana. Como el desembarco de más de 100 000 combatientes, bajo fuego enemigo y en un frente tan amplio, era una propuesta terriblemente peligrosa, había que asegurarse todas las ventajas posibles. Se ejecutaron innumerables ataques aéreos y se programó un denso bombardeo naval. Sin embargo, no se podía contar con que solo estas medidas proporcionaran todo el apoyo necesario para que los desembarcos cumplieran con los objetivos previstos para el Día D y siguientes, por ello, las operaciones aerotransportadas se convirtieron en una parte fundamental de Overlord.

El origen de las tropas paracaidistas por Roberto Muñoz Bolaños (Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (UNED))

El origen de las tropas paracaidistas debe fijarse en los dos grandes conflictos que se desarrollaron en la segunda década del siglo XX: la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil rusa. En esta última, y a diferencia de lo ocurrido en la Gran Guerra, los amplios frentes que definieron la contienda impidieron el desarrollo de líneas de trincheras y favorecieron la creación de unidades móviles de caballería capaces de llevar a cabo operaciones en profundidad para atacar las líneas de comunicación y suministro del enemigo. El resultado de estas tácticas no solo fue el triunfo de los bolcheviques en el conflicto civil, sino también la aparición de una nueva corriente de pensamiento militar en la Unión Soviética que primaba la ofensiva sobre la defensiva, y una de cuyas consecuencias fue la aparición de las tropas aerotransportadas como una nueva arma.

All Americans y Screaming Eagles en Cotentin por Marc Laurenceau

Durante la elaboración del plan general de la Operación Overlord, cuyos límites precisos se habían acordado durante la conferencia Trident, celebrada en Washington en mayo de 1943, se llegó a la conclusión de que los flancos del sector de invasión eran especialmente importantes, dado que el control de los mismos era vital para el desarrollo de los combates. Por tanto, tres divisiones aerotransportadas fueron elegidas por el alto mando aliado con el fin de asegurarlos. Dos de ellas, la 82.ª del general Ridgway u la 101.ª del general Taylor, se encargarían del flanco derecho, en la península de Cotentin. Estas unidades tuvieron que cumplir con tres grandes objetivos fundamentales, tal y como habían sido definidos por los generales aliados: tomar los ejes de comunicaciones que unían la playa Utah con el interior del territorio, tomar y defender los cruces de carreteras y las localidades de la zona y controlar los puentes sobre los ríos Merderet y Douve.

La Luftwaffe en Normandía por Dan Zamansky

El proceso de planificación alemán para la utilización de la Luftwaffe contra un desembarco aliado en Europa occidental comenzó el 27 de julio de 1943, durante la batalla de Sicilia, cuando Hermann Göring emitió las primeras órdenes del plan Drohende Gefahr West (“peligro inminente en el oeste”), que describía las medidas que debía tomar la fuerza aérea en caso de invasión. Posteriormente recibiría el nombre, más corto, de “Dr. Gustav West”. Acorde al mismo, las fuerzas de la Luftwaffe en el oeste fueron subordinadas a la Luftflotte 3, bajo el mando del Generalfeldmarschall Hugo Sperrle. El 6 de junio de 1944 los efectivos de la Luftwaffe en esta región ascendían a unos 500 aviones operacionales, de los que 185 estaban situados para combatir contra la zona de desembarco. Del medio millar indicado, 168 eran cazas monomotores y 50 cazas nocturnos, y en lo que a los aeródromos se refiere, la mayor parte de las unidades de caza diurna habían sido alejadas de la costa en los meses previos a la invasión.

En alas de Pegaso. Los británicos al este del Orne por Mark Hickman

A las 0.16 horas del 6 de junio de 1944 llegaron a tierra, a 9,5 km al sur de la playa Sword, los primeros elementos de la 6.ª División Aerotransportada británica, cuya misión era asegurar el flanco este de la zona de invasión. La 5.ª Brigada Paracaidista tenía como objetivo principal llegar a los puentes sobre el río Orne y el canal de Caen, para luego defenderlos en dirección oeste y sur, y la 3.ª Brigada Paracaidista, desde sus dos zonas de lanzamiento, debía ocupar una cresta baja que protegía el acceso a los puentes desde el este, no sin haber destruido primero la fortificada batería de Merville, cuyos cañones dominaban la playa Sword, así como cinco pequeños puentes, que cruzaban los ríos Dives y Divette, con el fin de retrasar un eventual contraataque desde la Alta Normandía del poderoso Decimoquinto Ejército alemán.

Las tropas aerotransportadas en combate por Michael E. Haskew

Los combatientes de la 6.ª División Aerotransportada británica y de la 82.ª y 101.ª norteamericanas habían sido instruidos exhaustivamente y gozaban de una moral alta, habían sido informados de sus misiones y entendían que si la guerra era arriesgada, a ellos les había tocado la tarea más peligrosa de todas. Tras saltar en paracaídas o aterrizar a bordo de planeadores tras las líneas alemanas, tenían que crear confusión, destruir puentes, cortar líneas de comunicación y conquistar y defender sus objetivos hasta ser relevados por las tropas de tierra que debían llegar por las cinco playas de la invasión de Normandía. Sin embargo, todo aquel entrenamiento no había sido más que un ejercicio. Hasta el último de ellos sabía que sus misiones no se desarrollarían como estaba previsto y que en estos casos su preparación sería crítica a la hora de cumplir con sus objetivos del Día D. Se les había infundido la necesidad de cumplir las tareas encomendadas sin tener en cuenta los obstáculos que surgieran, entre los que se incluían saltos o aterrizajes fuera de las zonas designadas, la resistencia enemiga o la pérdida de equipo.

Derribando las puertas de Carentan por John C. McManus (Missouri University of Science and Technology)

El general Omar Bradley sabía que debía tomar Carentan, una localidad de unos cuatro mil habitantes que, situada en la nacional 13 y el ferrocarril París-Cherburgo, era también la encrucijada de los caminos que conectaban las playas Utah y Omaha. El terreno sobre el que se asentaba era muy bajo, rodeado por canales, ríos y pantanos que tejían una red en torno a ella y que, tiempo atrás, habían sido aprovechados por Napoleón Bonaparte para inundar la región en torno a la ciudad y convertirla en una isla fortificada, lo mismo que hicieron los alemanes en 1944. En estas circunstancias, cualquier atacante proveniente del norte tendría que lidiar con el hecho de que los accesos a la localidad por terreno seco eran limitados y enfrentarse a los defensores, el 6.º Regimiento de Fallschirmjäger del Oberst Frederick von der Heydte (véase “Operación Stosser” en Desperta Ferro Contemporánea n.º 15), cuyas órdenes, provenientes del propio Rommel, eran defender Carentan hasta el último hombre.

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