CREADORES DE CONCIENCIA

CREADORES DE CONCIENCIA. CUARENTA FOTOGRAFOS ANTE LOS CONFLICTOS DE NUESTRO TIEMPO

Editorial:
DKV SALUD Y BIENESTAR
Año de edición:
Materia
Fotografos
ISBN:
978-84-09-01333-3
Páginas:
336
Encuadernación:
Tapa dura
-5%
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38,00 €
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Aún recuerdo la primera vez que vi a Gervasio Sánchez, en otoño de 1997. Presentaba su exposición Vidas minadas, y quedé tan impactado por su obra que decidimos no solo apoyar su proyecto fotográfico sino a algunas de las víctimas de las minas antipersona que aparecían retratadas. Vidas minadas fue la primera de las muchas iniciativas en las que hemos participado durante estos veinte años de compromiso social en DKV y, gracias a la cual, a través de Gervasio, conocimos a otra persona clave del libro que ahora tienes entre las manos, Creadores de conciencia.Se trataba de Juanma Castro Prieto, con quien desarrollamos un exitoso programa, cuyo eje central era un diálogo entre sus obras y las del maestro Martín Chambi, con Perú de fondo. Veinte años después seguimos trabajando juntos. Gervasio y Juanma, más que colaboradores habituales y cercanos, se han convertido en buenos amigos. Su trayectoria y su obra han inspirado este libro, cuyo germen se remonta a marzo de 2015. Un viernes de ese mes lo último que hice antes de salir de la oficina para ir a recoger a mis hijas fue abrir un sobre de Jordi Nadal, editor y amigo. Dentro, tan solo una escueta nota –«Josep, dos joyas y un fuerte abrazo»–, acompañada de esas «dos joyas»: la película La sal de la Tierra y un libro publicado por su editorial, La puerta abierta, de Hellen Keller. Considerada por Winston Churchill como la mujer más extraordinaria de su época, era ciega y sorda desde su más tierna infancia.No esperé ni un día para disfrutar del libro y la película. El mismo sábado por la tarde devoraba La puerta abierta y La sal de la Tierra. En la película, a través de la obra, la biografía y las entrevistas al fotógrafo Sebastião Salgado, se repasaban sus grandes proyectos, que, en buena medida, son las tragedias que ha vivido nuestra generación desde la hambruna de Etiopía de 1983. Película y libro me impactaron notablemente. En parte, porque hay bastante de mi vida en ellos. Como secretario técnico de Medicus Mundi, coordiné uno de los proyectos de ayuda de emergencia a Etiopía en 1983, donde enviamos un equipo de médicos y enfermeras españolas, en colaboración con Médicos Sin Fronteras (msf) Bélgica, que fue el embrión con el que pusimos en marcha msf en España años después.Seguí de cerca todo lo que sucedía en Etiopía. Desde la Coordinadora deongpara el Desarrollo lanzamos la primera campaña conjunta de captación de ayudas. El resultado fue un éxito y pudimos ejecutar tres proyectos; uno de ellos, el sanitario, a mi cargo. Recuerdo que mandamos supervisar el proyecto a un profesional experimentado y buen amigo, Oriol Vall. Para documentarlo, Oriol pidió que lo acompañase un joven fotógrafo, Eloi Codina. El informe y el material gráfico sirvieron para rendir cuentas ante nuestros miles de donantes.Ahí fui consciente de la fuerza de las fotografías a la hora de remover conciencias, pues en esa época todo el mundo quedó impactado por las bellas y durísimas imágenes en blanco y negro de Sebastião Salgado sobre la hambruna en el Sahel. Consiguió lo que Albert Camus proponía: «Sí, existe la belleza y existen los humillados. Por difícil que sea la empresa, querría no ser jamás infiel ni a la una ni a los otros». Tras repasar la trayectoria de Salgado y sus reflexiones vitales, la película acababa con un mensaje de esperanza y una llamada a la acción. En su caso, su compromiso durante las últimas décadas se ha centrado en la defensa del planeta, recogiendo lo más bello de la naturaleza y los grandes cambios que se están produciendo, así como su implicación directa en la recuperación casi milagrosa de las tierras de su padre. Esta última parte me toca muy directamente, pues desde hace años Salgado colaboro con la ong Plant-for-the-Planet, iniciativa que puso en marcha Felix Finkbeiner cuando tenía nueve años y que tengo la suerte que presidir en España. Por eso, el año pasado, cuando estaba visitando la selva de Yucatán, experimenté una vivencia muy similar a la de Salgado. Nuestra fundación está replantando con árboles autóctonos un espacio talado de más de 22.000 hectáreas en el que la vida regresa con toda su plenitud, al igual que a la finca familiar de los Salgado.Con todo este caldo de cultivo hirviendo dentro de mí, ese domingo 15 de marzo de 2015 tuve claro que tenía todo el sentido del mundo dedicar nuestro proyecto de dos décadas de compromiso social a reconocer y dar a conocer la labor de los fotoperiodistas españoles que han destacado en los últimos treinta años.

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