DESPERTA FERRO CONTEMPORÁNEA 39: BERLIN 1945 (II). LA BATALLA POR LA CIUDAD

DESPERTA FERRO CONTEMPORÁNEA 39: BERLIN 1945 (II). LA BATALLA POR LA CIUDAD

Editorial:
DESPERTA FERRO
Año de edición:
ISBN:
978-92-0-393654-5
Páginas:
67
Encuadernación:
Grapado
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Mientras que los bombardeos aéreos aliados, las sirenas de alarma y el apresurado descenso a sótanos y refugios se habían convertido en una costumbre, pocos berlineses habían escuchado antes el rugido sordo que, desde mediados de mes, empezó a acercarse a la ciudad como un inmenso tsunami derrumbándose a cámara lenta. Era el sonido de la artillería. El 22 de abril cayeron sobre la ciudad los primeros proyectiles soviéticos, iniciando una orgía de destrucción que duraría una semana. A partir del 23 las ruinas de la ciudad se convirtieron en el escenario de una lucha agónica: por la victoria, por la supervivencia. Los alemanes desplegaron hasta el último de sus ciudadanos capaces de disparar un arma; los soviéticos acabarían, ante el inmenso desgaste humano, por incorporar a filas incluso a soldados recién liberados de las fábricas y los campos de concentración. La batalla por Berlín se convirtió en el caos que son siempre los grandes combates urbanos. Calle a calle, a través de plazas y parques, hasta el Reichstag, definido por los mariscales soviéticos como el objetivo último y definitivo, cuya conquista, en la tarde del 30 de abril de 1945, supuso el principio del fin de los combates. En este número, segundo de los dedicados a la batalla de Berlín, se narrará la historia de la caída final de la capital alemana, del suicidio de Adolf Hitler, y de la aniquilación del Tercer Reich.

De Germania a la Festung Berlín por David Clay Large (University of California, Berkeley)
De Germania a la Festung Berlín por David Clay Large (University of California, Berkeley)
Desde que alcanzó el poder, el canciller del Reich, Adolf Hitler, estaba decidido a que la metrópolis prusiana, capital de Alemania desde 1871, se transformara bajo su mandato en la capital de Europa y, después, en la del mundo entero. A fin de adecuarla a ese papel global, Hitler, que nunca se sintió berlinés, planeó reconstruir sectores enteros de la ciudad, reemplazando las calles e infraestructuras existentes con amplias avenidas y edificios representativos tan enormes que empequeñecieran a los monumentos de otras ciudades del mundo. Rebautizada como Germania, la capital de Hitler tenía que ser el equivalente contemporáneo de la Atenas y la Roma de la Antigüedad juntas. Desde los Juegos Olímpicos de 1936, Hitler realizó varias adiciones significativas al paisaje arquitectónico de Berlín, pero Germania aún seguía en proyecto cuando la Segunda Guerra Mundial, desencadenada por el dictador alemán para establecer las bases geopolíticas de su nuevo imperio, lo obligó a abandonar su ambiciosa remodelación urbana en favor de la “fortaleza Berlín”. La capital de Alemania sí sufrió, en efecto, una transformación, pero no del modo que aquel arquitecto frustrado había imaginado.

“Alles Deutsch Kaputt”. La naturaleza del combate en Berlín por David Alegre Lorenz (Universitat de Girona)
“Alles Deutsch Kaputt”. La naturaleza del combate en Berlín por David Alegre Lorenz (Universitat de Girona)
A mediados de abril de 1945 la ciudad de Berlín había quedado tan desfigurada por los bombardeos angloestadounidenses que los propios combatientes y civiles tenían serios problemas para orientarse a través de las calles, sobre todo en el fragor de los combates. Resulta difícil reconstruir la batalla de Berlín día a día sobre el terreno, especialmente si se pretende ofrecer una narrativa exhaustiva y un análisis fiable. Por las circunstancias en que tuvo lugar, lo más razonable es llevar a cabo una aproximación a los combates de aquellos días, recogiendo los rastros que dejaron en la documentación y algunos detalles a partir de las voces y emociones de los supervivientes. La propia cadena de mando de la Wehrmacht a duras penas consiguió seguir la evolución de los acontecimientos de forma fiable, no digamos ya llevar un registro documental de las operaciones o incidir en ellas; por su parte, las unidades sobre el terreno habían sido desarticuladas y puestas en retirada tras los primeros embates soviéticos en la línea del Óder, de manera que cada oficial al mando pudo decidir cómo actuar en cada momento con bastante margen de maniobra.

Himmler y la negociación imposible por Matthias Uhl (Deutsches Historisches Institut Moskau)
Himmler y la negociación imposible por Matthias Uhl (Deutsches Historisches Institut Moskau)
Tras la derrota alemana en Stalingrado, quedó claro que el Reich no podría ganar la guerra. Al mismo tiempo, la exigencia aliada de una “rendición incondicional” tras la Conferencia de Casablanca de enero de 1943 convirtió la paz negociada en una posibilidad muy remota. Las opciones diplomáticas de los líderes alemanes se habían reducido al mínimo, pero Heinrich Himmler –que como jefe de las SS era el segundo hombre más poderoso del Estado nazi– aún albergaba la esperanza de buscar una fisura entre sus enemigos, mediante contactos del servicio de inteligencia y hábiles maniobras que aislaran a la Unión Soviética y permitieran firmar una paz por separado con los aliados occidentales, para continuar juntos la lucha contra Stalin. Sin embargo, los únicos países con los que podían mantener relaciones diplomáticas propiamente dichas eran los que se habían declarado neutrales, como Suecia o Suiza. Desde la segunda mitad de 1943, tras la derrota alemana en Kursk, Himmler había intensificado sus esfuerzos por contactar a través de ambos países con representantes británicos y norteamericanos. El 8 de agosto, por ejemplo, mantuvo una conversación telefónica con Ernst Kaltenbrunner, jefe de la Reichssicherheitshauptamt (“Oficina Principal de Seguridad del Reich”), quien se hallaba en Praga para, en teoría, contactar con Roger Masson, jefe del servicio secreto suizo, con el objetivo de establecer comunicación con los líderes de los aliados occidentales por su mediación.

Tormenta roja sobre el corazón del Reich por Javier Veramendi B
Tormenta roja sobre el corazón del Reich por Javier Veramendi B
Tras la ruptura definitiva del frente alemán en los altos de Seelow el 19 de abril y la persecución hacia el oeste de los restos del Noveno Ejército alemán que había defendido la línea del Óder, las unidades del Primer Frente de Bielorrusia del mariscal G. K. Zhúkov tuvieron que cambiar radicalmente su despliegue y sus tácticas. Si en las dos primeras fases de la Operación Berlín habían asaltado una posición defensiva y maniobrado luego en campo abierto, ahora se enfrentaban a una batalla urbana, con sus exigencias y dificultades, y para ello había que hacer un replanteamiento importante de los medios disponibles. Mientras el resto de su frente se empleaba en misiones como completar y defender el perímetro exterior del cerco a la ciudad y reducir la bolsa de Halbe, Zhúkov desplegó cinco ejércitos para tomar Berlín: el 2.º de Tanques de la Guardia del general Bogdanov, el 3.º y el 5.º de choque de los generales Kuznetsov y Berzarin, el 8.º de la Guardia del teniente general Chuikov y el 1.º de Tanques de la Guardia del general Kátukov. Cada uno de ellos con sus características propias y con misiones específicas, teóricamente adecuadas a sus posibilidades y circunstancias

El asalto al Reichstag por Gregory Liedtke (Laurier University)
El asalto al Reichstag por Gregory Liedtke (Laurier University)
La mañana del 28 de abril de 1945, la lucha por la capital del Reich entró en su fase final. Para entonces, los últimos defensores que quedaban habían sido empujados hacia el corazón de la ciudad, fundamentalmente a la zona entre el río Spree y el canal Landwehr, aunque algunos grupos aún resistían al norte y al sur. Por su parte, el Ejército Rojo, a pesar del elevado precio pagado desde el inicio de su ofensiva sobre el Óder el 16 de abril, seguía golpeando sin pausa, espoleado por sus oficiales y por la expectativa de la victoria definitiva. A estas motivaciones se sumaba la orden de Stalin de que el Reichstag, que representaba el corazón espiritual y político de una Alemania unificada, fuera capturado a tiempo para la celebración del Día del Trabajo (1 de mayo), y que se izara la bandera soviética sobre su pináculo más alto. Los analistas de la inteligencia soviética preveían que la lucha sería intensa, pues se creía que el Reichstag y los edificios aledaños estaban defendidos por una guarnición de cinco mil veteranos curtidos de las Waffen-SS que, dada la importancia del edificio, iban a defenderlo hasta el final.

El hundimiento por Armin Fuhrer
El hundimiento por Armin Fuhrer
Hitler, que había regresado a la ciudad el 16 de enero, dirigía, según la propaganda oficial, la “lucha final por Berlín”. Primero se instaló en la cancillería del Reich, pero, tras su completa destrucción el 3 de febrero en una demoledora incursión aérea estadounidense, se mudó de forma permanente al Führerbunker. Le acompañaron Eva Braun, su amante desde hacía años –aunque ocultada a la opinión pública–, el 7 de marzo, Joseph Goebbels con su mujer, Magda, y sus seis hijos desde el 22 de abril, y Martin Bormann, su confidente. El recinto se dividía en dos sectores: el Hauptbunker (“búnker principal”) y el Vorbunker (“prebúnker”). Durante aquellos últimos días, además de Hitler –que también disponía de un despacho–, Eva Braun y Joseph Goebbels, entre otros, contaban con sus propias habitaciones, mientras que Magda Goebbels y sus hijos se acomodaron en el Vorbunker, donde también se hallaban la centralita de teléfono y la sala de cartografía, en la que cada día a las 17.00 h tenía lugar el análisis de situación, de modo que había un constante ir y venir de visitantes y oficiales en servicio. Otros residentes, como las secretarias de Hitler, se alojaban en el búnker bajo la cancillería del Reich, conectado con el Führerbunker mediante un pasaje subterráneo.

Berlín año cero. Reconstrucción y vida cotidiana por Clara Oberle (San Diego University)
Berlín año cero. Reconstrucción y vida cotidiana por Clara Oberle (San Diego University)
Nada más terminar la guerra, un decreto del Ejército Rojo puso oficialmente el poder administrativo en manos de Nikolái Berzarin, el comandante soviético de la ciudad. ¿Cuáles fueron los desafíos cotidianos a los que tuvo que enfrentarse el Berlín de la inmediata posguerra? En su primera ordenanza, Berzarin decretó la disolución del partido nazi y de todas las organizaciones afiliadas al mismo, instituyó la figura del comandante militar de distrito y ordenó la confiscación de todas las armas, municiones, radios, cámaras y vehículos motorizados, e introdujo el toque de queda nocturno. Sin embargo, lo que más impacto tuvo en los berlineses fue la reapertura de las tiendas de alimentación y los comercios esenciales, la reactivación de la circulación y el restablecimiento de los servicios públicos, los hospitales y las panaderías. Tanto la población como los comités del pueblo instituidos por los soviéticos y los ocupantes militares, deberían obedecer y colaborar con el cumplimiento de estas instrucciones.

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