Tras la muerte del general Bengt Löwensköld, este es enterrado con suposesión más preciada: un anillo. Meses después, la tumba volverá aabrirse para dar sepultura a una nieta, y alguien aprovecha la ocasión para sustraer la joya. Lo que ese alguien no imagina es que tal actoprofanador atraerá sobre su familia toda clase de desgracias.