Por sus páginas se percibe la sombra de Rimbaud y de los necios de Kennedy Toole o los cronopios y las famas de Cortazar, el Augusto Pérez de Unamuno o los personajes de Pirandello y de Ionesco, y junto a todos ellos el monstruo de Mary Shelley. Un narrador demente para unos personajes huidos del Jardín de las Delicias.