Se suele decir que el amor no se puede definir, porque definir es limitar y el amor no tiene límites. Por eso, un amor pleno es aquel que cada día bebe sorbos de autenticidad y calienta su interior con el cariño inmenso y la complicidad sabia de quienes se saben imperfectos. Porque el amor verdadero es genuino y por eso se construye cada día sin leyes ni horarios, haciéndose así único y esencial.