FORTES, ANTÓN; CONCEJO, JOANNA
Además de los campos de concentración -con lo que implican de hambre, frío, enfermedad, violencia y muerte-, interesa aquí uno de esos mundos personales y familiares que el nazismo destruyó, y que es de lo poco que tiene color frente al gris hiriente y el silencio. Separación, soledad y nostalgia están omnipresentes; el recuerdo ayuda a huir del aislamiento y el desarraigo, y da paso -en lo inhóspito del campo (lager)- al amor, la amistad y la solidaridad: a la humanidad, a fin de cuentas. Si toda violencia está injustificada, la que acaba con la inocencia aún más; contra ella, en el proceso de maduración del protagonista, asistimos a un compromiso hasta la fusión con Vadío (único personaje con nombre y etnia), que representa el reconocimiento en el otro en la catarsis final. El protagonista anónimo de Humo descubre la realidad, pero la filtra con la memoria de un pasado mejor. El despertar lo lastima y conduce a un aprendizaje rápido: la dureza y dificultad de la situación, y el instinto de supervivencia lo obligan a ser un niño responsable.