Las páginas de este libro son un recorrido desde el optimismo del Renacimiento hasta el desengaño barroco.
Adentrarse en la estética de los siglos XVI y XVII es tomar conciencia de un mundo donde la belleza deja de ser un ideal para convertirse en el signo de su propia caducidad. La óptica rosa renacentista comienza a teñirse de angustia en el ocaso del siglo XVI, vehiculándose en vidas contradictorias: la de la taberna y el misticismo, la del duelo a espada y la oración ferviente.
En este estudio desfilan los rostros de una modernidad en sombras. El trazo de Caravaggio, el mármol convulso de Bernini y la imaginería descarnada de Gregorio Fernández o Valdés Leal se presentan como respuestas a la amenaza de la nada, al mismo tiempo que la pluma de Quevedo, Góngora o Lope de Vega transforma en carne el desengaño de una sociedad que se reconoce como un teatro de apariencias.