Fiel representante del naturalismo en las letras nacionales, Los pazos de Ulloa retrata a la perfección la vida rural y el caciquismo del interior (Pardo Bazán incluso creó para los personajes un habla propia, a medio camino entre el castellano y el gallego, para que pudiera ser entendida por todos los públicos sin perder del todo el sabor local), así como las luces y sombras de la España aristocrática de la que ella misma formaba parte.
"Los pazos de Ulloa" se sitúa en un recóndito y salvaje paraje de Galicia. La llegada a esta localidad de Julián, un sacerdote delicado y sensible, tendrá imprevistas consecuencias. El marqués de Ulloa, rudo y pasional, se ve obligado a contraer matrimonio con Nucha, una señorita de ciudad para quien el ambiente de los pazos es una pesadilla. Sabel, la criada de perversa belleza y que ha dado un hijo bastardo al marqués, es la figura opuesta a Nucha.