Cuando te escuché llorar supe que ya nada sería igual. Pronto empezaste a gatear y yo empecé a preguntarme cómo serías, hasta dónde me llegarían los brazos para protegerte y cuidarte cuando empezaras a andar. Lo que no sabía era que la pregunta respondía solo a mis miedos, porque después me has demostrado que tienes la suficiente fuerza como para proponerte metas y sortear obstáculos. ¡¡Eres mi mayor orgullo!!