Hay mañanas en las que nos despertamos soñando con que esa persona nos desayune a versos y nos devore en prosa, haciendo la mejor lectura de cada rincón del libro de nuestro cuerpo. Que nos hagan sentir intensos en cada tilde, que nos endulcen con cada coma y que cada capítulo acabe en puntos suspensivos, esa es la mejor fantasía textual con la que empezar el día.