"La república" y "Las leyes" son, sin duda, las dos obras más originales de toda la producción literaria de Cicerón. A pesar de que el modelo de las mismas son los escritos homónimos de su admirado Platón, los diálogos del romano no son producto de una especulación filosófica, sino fruto de su experiencia política. Ambas obras no son meros ecos del pensamiento ateniense, sino la culminación sublime del ideal político en el mundo antiguo. Estos diálogos inmortales constituyen un legado intelectual imperecedero, pues no solo sentaron las bases del Derecho Romano clásico, sino que forjaron la conciencia jurídica de Occidente. Cicerón elevó la política de ser un arte local a una ciencia universal al dotarla de su concepto más trascendente: la Lex Naturalis.