La inteligencia artificial llegó a la universidad mucho antes de que esta estuviera lista para comprenderla. Mientras los profesores intentan prohibir herramientas que apenas conocen y los planes de estudio —todavía anclados en el siglo XX— avanzan con lentitud, miles de estudiantes ya aprenden con IAs y vídeos en YouTube, entre pestañas infinitas y ansiedad digital.
Este libro no trata de robots futuristas, sino de cómo se siente hoy una estudiante rodeada de pantallas abiertas y libros cerrados, asistiendo a clases donde nadie está del todo presente. La autora retrata desde dentro una universidad saturada de burocracia, rebosante de teoría y productividad vacía, una institución que parece quedarse atrás mientras los estudiantes aprenden fuera de ella con herramientas tecnológicas.
Entre entregas a las 23:59, profesores desbordados y creatividad repetida, la obra explora algo más profundo que la IA: el cansancio mental de una generación obligada a producir sin pausa mientras intenta encontrar su propia voz en un entorno cada vez más automatizado.